jueves, 28 de abril de 2011

6 x 05 - París

Perdón por el retraso, pero esta semana he estado algo liadillo, por lo que he tenido que hacer la entrada por partes. La subo ya hoy porque mañana me largo para Amsterdam. También igual me he dejado de ir un poquito, que son 77 entradas ya y el ritmo decae. Además, en la última entrada ni un comentario (que si me visteis al día siguiente de subirla también es tontería).

Bueno, como ya sabéis Pablo y yo salimos el jueves 21, y llegamos a París sobre las once menos veinte, creo recordar. Leandro estaba ya allí y de hecho nos dio la primera alegría del viaje antes de salir siquiera de Cádiz: con habitación con tres camas querían decir una cama doble y una individual. Genial. Como sardinas en lata.

Viva la República y tal. Las de abajo son Fraternité y Legalité. Egalité creo que es la que estaba detrás y no es visible

Por suerte el tiempo fue fantástico. El primer día hizo un sol de justicia, cielo despejado y una temperatura que comenzó agradable pero terminó siendo pelín alta. Al sol, claro.

Notre Dame desde un lateral. No fue gran cosa así vista de frente. Obviamente no entramos. Ni locos esperábamos la cola como de hora... y dos de espera que había.

Aprovechando el buen tiempo, que es Paguí y todo eso, buscamos donde comprar pan, embutidos y algo para beber para hacer un pic-nic al lado del Sena.

Muy bonito aquello, las cosas como son.

Me puse a trastear con el asistente para panorámicas y después ya en casa puse las fotos juntas, con el feliz resultado de obtener a Pablo por duplicado, mirando a la cámara y marchándose al mismo tiempo. A la izquierda está Notre dame y la estela de un barco que ha desaparecido al hacer la composición.

Tras la comida y una breve siesta al sol, a patita hasta el Louvre. Total, como París es pequeño... aunque siendo sincero, tampoco estaba demasiado lejos. Aunque al solano se hizo más largo de lo que era.

No se aprecia demasiado bien, pero estaba hasta arriba de gente. Tampoco entramos. De nuevo, una cola ridícula.

Ya después de esto y de ver brevemente los Campos Elíseos - sólo una parte - y el Arco del Triunfo allí al fondo - no les dio la gana de ir... ahem - de recogida para darnos una ducha, que falta hacía, y hacia la Torre Eiffel para cenar de nuevo en plan acampada.

Y ahora sí que sí. Notre Dame fue "pues tampoco es...", el Louvre un "hombre, mal no está", pero la Torre Eiffel tiene la fama merecida. Aparte de que se ve casi desde cualquier lugar de París, al salir de la boca de metro que hay cerca y verla ya más próxima impresiona. Se alza sobre los edificios colindantes como un mastodonte de acero. Enorme.
Nos acercamos, sorteando la marabunta de turistas...


Y allí estaba, iluminada y gigantesca. Como no se aprecia bien la proporción en las fotos, o yo al menos nunca he percibido ese detalle en las que he visto, hice una de la base con los turistas moviéndose por ahí.

Y, aún así, la foto no hace justicia.

Pasar por debajo es como pasar por debajo de un platillo volante. Colosal.

¡Estrellitas!

Al rato de estar allí se puso de pronto la torre como un árbol de navidad gigante, con miles de lucecitas como flashes, y la gente vitoreando y todo. Obviamente, mucha mucha gente. Y tipos vendiendo cerveza y vino a los que estábamos sentados en el césped. Nos preguntaron si queríamos como veinte veces. Sin exagerar... demasiado.

Para la mañana siguiente nos propusimos levantarnos temprano y... nos despertamos a mediodía. Fracaso absoluto. Habíamos quedado para cenar en casa de una amiga común (antigua compañera del instituto) que vive y trabaja ahora mismo en París, así que tampoco tuvimos mucho tiempo para hacer nada. Y menos si vamos andando a todas partes. Pero bueno, fuimos al cementerio de Père-Lachaise, cementerio lleno de mausoleos y celebridades locales, nacionales e internacionales. Como por ejemplo Jim Morrison o...

Oscar Wilde.

Hasta el cementerio lleno de turistas (como nosotros, vaya). La tumba de Jim Morrison no la vimos - ni la buscamos, en realidad - pero me imagino como estaría de tributos y tal. La que sí vimos fue la de Oscar Wilde. Y, aunque lo parezca por la foto así en pequeño, no es granito rojo con algún que otro garabato. Todas ese "ruido" en la piedra son marcas de besos (click para ampliar y verlo mejor), además de muchas dedicatorias al escritor: citas de libros suyos, "no te olvidamos", "me partiste [de risa] con lo de Ernest", etcétera. Que tiene narices, porque hay una placa monísima donde dice "Restaurado en 1992. Por favor, no desfigurar por respeto a la memoria blablablá". Supongo que han tirado la toalla. Además, tampoco me parece un detalle feo, al fin y al cabo no son chorradas del tipo "El Barto estuvo aquí". La mayoría, al menos, que igual alguna hay (veo ahí un tal Leo quiere a una tal Zoe).

Poco más que contar del resto del día. Intentamos ver una de las antiguas entradas de la ciudad pero el mapa se quedó con nosotros: tiene marcado el antiguo trazado de la muralla pero en realidad ya no queda muralla. Tiempo tontamente perdido y tocaba tirar ya para lo de la cena.

No tengo fotos, porque previendo que saldríamos pasé de cargar con la cámara, pero nos llevaron a un sitio próximo al hotel llamado L'International, que ya me gustaría que hubiera en Ginebra algo así. O alguna calle como esta, con varios bares, pubs, discotecas y demás.

Ya al día siguiente (domingo) desayuno típico parisino en una terracita de estas donde te pones a mirar hacia la calle. Que ves una lavandería y la gente pasar, poco más, pero es el estilo de allí.

Una vez desayunados, en panta y para Montmartre. Andando, claro está.

Otro trasteo con la panorámica.

¡Sorpresa! Hasta arriba de gente. Casi se me olvida, por el camino pasamos por una avenida con, qué se yo, ¿quince, veinte? tiendas de trajes. Increíble. ¿A quién les venden tantísimos trajes? Además, parecían de poca calidad.

En cualquier caso, paseillo por la zona.

Moulin... moulin!

Pillamos unos ¿sandwiches? en una tiendecilla griega que había por ahí - el tipo sabía decir cerveza, por cierto - y comimos en un parque, hasta que ya dije de irnos harto de avispas, moscas y demás bichejos indeseables.


Y quedamos de nuevo con la chica esta que mencioné antes en un canal donde, por fin, no había [mucho] turista. Algo así más local. Cervecillas en un super (¡abren en domingo!) y a echar el rato.

Ya algo más tarde, volvimos a tirar al mismo bareto que el sábado, donde estaba tocando en directo un tipo algo raro llamado Michael Wookey. No, no es que me quedara con su nombre, es que lo he buscado en la agenda del bar.
Tocaba, yo que sé que tocaba. Un cacharro así raro, medio organo electrónico Casio, medio "la vaca dice... MOOOOO", cadenas en un pié, magnetófono, piano de juguete... no estuvo mal la cosa, no. Lo que no me quedó claro es si estaba loco, metido en el papel o hasta las cejas de algo.

Esto es una versión de un tema clásico que...mmmmmbah, sí...

Y a lo suyo. Yo creo que era un poco de todo. Esa es una foto de su página con el cacharro ese raro que digo.
Y aquí tocando el pianete ese.

Después, vinieron unos tal Milos Unplugged, que tampoco estaban mal, tras lo que cada uno tiró para su casita... (¡que no es mi casa!*) de recogida.

Por último, el lunes nos levantamos temprano para desayunar y acompañar a Leandro la Gare du Nord, vuelta al hotel, empaquetar, y Pablo para el aeropuerto y yo para la Garde de Lyon, donde tuve que matar un par de horas - rodeado de todavía más gente - hasta que salió el tren.

Leandro y Pablo, podríais usar los comentarios para decir cualquier cosa que os llamara la atención, refutar, corregir... ¿no? ¿no? ¿no? Venga, va; venga, va.

(*) Los dos malandrines (más la chica, pero ella es maja, no malandrina) entenderán la broma privada.

2 comentarios:

Miguel Angel dijo...

Hay 3 cafés y uno es homosexual, pero el resto bien. Cádiz está de luto, cádiz no huele a motero!!
Becquer

Perico Romero dijo...

Qué bien, qué envidia tengo de tus viajes, tío. ¡No paras!