Como ya avisé antes de volverme para acá, el sábado me fui a Zurich a la Street Parade, que viene siendo como la malograda Love Parade pero sin sitios cerrados. Todo por el centro de Zurich (zona del lago y tal)
En principio debía estar bien. Pero esto es Suiza y pasa lo que pasa: un tiempo de perros.
Por la mañanita cogimos el tren. Uno de dos plantas moderno para ir. Para volver, nos tocó uno miserable del año de la polca. Probablemente para que si se mancha o destroza, sea algo viejo.
Por la zona céntrica, escenarios como este y montones de borrachoscolgadosquién-sabe-qué-más gente eufórica, disfrazada y sin disfrazas.
Pero, por supuesto, en plan saludable ¿eh? El tipo que me dijo algo tal que "éxtasis, coca, cristal..." (había algo sospechoso en él, igual es paranoia mía) es que estaba despistado. En fin, que ya podría disimular un poco.
Por cierto, lo de los tapones para los oídos, ¿no sería mejor bajar el volumen?
Uno con complejo de mono.
Y otro con su traje suizo. Sí, la carita sonriendo la he puesto yo. Porque el hombre seguramente no quiere aparecer por ahí con su careto visible.
El nombre de DJ menos afortunado - y, sin embargo, más adecuado - que nunca he visto.
Entre los camiones que llevaban las discotecas ambulantes, los había futuristas...
Y nerds.
Por cierto, no sabía que Canonical tenía ahora vinos.
Y esta foto... bueno, que no sólo en Cádiz pasa lo que pasa. Incluso en la limpia y pulcra Zurich las calles acaban igual con las fiestas. En todos lados cuecen habas.
Cambiando de tercio, parece ser que marcha viento en popa el contrato como User with subsistence (esto es, que me paga la sección directamente), lo que significa que casi casi seguro me quedo por aquí hasta diciembre. Además, esa "subsistencia" es de hecho mayor a lo que cobro ahora (poco más, pero algo es algo) :-D
Todo empezó a las cinco de la mañana del sábado. Sí, a las cinco tuvimos que levantarnos porque el autobús salía hacia Italia a las seis y media de la mañana, y calculando el tiempo que tardaríamos en preparar todo, bajar, coger el taxi y llegar, pues más o menos esa era la hora.
Entre las seis y media y las siete menos cuarto sale el autobús de Francia. Por motivos de aduanas y tal, un autobús que salga de Francia no puede parar en Suiza si va a otro país, salvo que quieras pasar por un control aduanero. Puede pasar a través de Suiza en tránsito, pero no parar. Por tanto, no nos quedó más remedio que cruzar la frontera de buena mañana.
Tras cerca de cuatro horas de viaje llegamos a Pila. Cambio de zapatos, pillamos el forfait y para arriba. Por suerte hizo un día bastante bueno, aunque frío. Unos nada despreciables -10ºC
Vista de una de las pistas desde el telesilla (hacia adelante)
Vistas desde el telesilla
Vistas del telesilla (hacia atrás)
Un individuo
Hicimos alguna que otra pista azul y unas cuantas rojas. Me llena de orgullo y satisfacción afirmar que no me caí ni una vez ^^
Al terminar, de vuelta al autobús, que salió sobre las cinco y media de la tarde. Después de un par de horas de autobús, llegamos al hotel. Nos duchamos, bajamos al restaurante del hotel donde dan un aperitivo y, qué sorpresa, más autobús para ir al restaurante donde cenaríamos.
Y el restaurante se las trae...
Todos sabemos lo que viene siendo una comilona. Pues bien, el concepto español de comilona palidece y queda en algo para aficionados comparado con el concepto de comilona que tienen los italianos. Paso a enumerar el menú, con algunas fotos. Todos los platos eran para compartir, lógicamente, pero aún así.
1.- De primero, una especie de salchichón y tocino. Sí, tocino. A pelo. Bueno, tenía sus especias y estaba algo curado, pero ya está.
El salchichón bien. El tocino, malo no está, pero nadie en su sano juicio se infla a comer tocino puro y duro.
2.- De segundo, una especie de salchicha más parecida a la textura y sabor del queso de cerdo que a salchica. Más grasa pal body.
Como podemos ver, no apto para dietas
3.- De tercero, quesos. Uno azul y otro curado. El plato con menos calorías del día, con eso lo digo todo.
4.- De cuarto, como quizá no tenemos suficientemente obstruidas las arterias, bacon con queso fundido. Toma traca. ¿No queréis grasas saturadas? Toma dos.
Mmmm, infaaaaaaaaaaarto
5.- ¿Ya no? Pues no. De quinto, carne mechada con una salsa de crema y anchoas. La verdad que bueno estaba un rato. ¿Vegetales? ¿Verduras? ¿Eso qué es lo que es?
En este momento ya dábamos por sentado que la cosa había terminado. ¡Ahá! Pero no. Vienen, retiran los platos pero dejan los cubiertos. Ojos como platos. ¿Pero hay más?
¡Claro que hay más! Que os veo con hambre, ahora vienen los platos principales.
Haciendo honor a un tópico internetero: WTF!!
Ah, eso sí. Como igual teníamos regusto a colesterol en la boca, repartieron unos cubitos de azúcar, como los del café, pero como si fueran cerezas. Es decir, en aguardiente.
¡Zasca! Lágrimas por doquier. Graduación de la alta.
Había tres variedades: aguardiente con lima y no se que más, aguardiente con naranja y café, y aguardiente con anis.
Sigue el menú.
6.- Risotto. Bastante regulero, sabía a típica comida de comedor, como a Avecrem.
7.- Raviolis frescos. El relleno bastante bueno.
8.- Por último el plato fuerte. Cochinillo asado. Cuando el camarero le dijo a uno que venía lo del cuadro (una foto de seis o siete cochinillos asándose alrededor del fuego), la gente se creía que era coña. Y dos huevos duros.
Este era el único plato que contenía algo de origen vegetal: patatas fritas.
Cuando te dicen que la dieta italiana es mediterranea, parece que están de coña después de ver esto.
Ah, sí
9.- Postre. Un surtido de pastel, queso fresco y pudin.
Después de tan ligero manjar, nos retiramos a nuestros aposentos... después de otra media hora de autobús. Algo así como a la una y pico nos acostamos, arañando hasta el último minuto, que al día siguiente tocaba madrugar: siete de la mañana.
Después de dos horas de autobús (sí, más), llegamos a Cervinia, otro sitio diferente.
Esta vez el tiempo era terrible. Nublado - o lo que es lo mismo a esa altura, niebla - y frío. Un frío terrible. -25ºC.
Como veis en las fotos, blanco por arriba, por abajo. Por todos lados.
Por suerte se despejó un poco y pude ver una de las imágenes más impresionantes y bonitas que he visto en mi vida. Lo malo es que no es posible recoger todo el entorno en una foto, y menos con la luminosidad que había, que el pobre sensor se satura.
He tenido que retocar el contraste y brillo para que se vean los picos. Como digo, las fotos no hacen justicia a la inmensa mole blanca que se alzaba frente a nosotros emergiendo entre las nubes. Impresionante. Acojonante. Verdaderamente precioso.
De nuevo, se volvió a nublar y bajaron las temperaturas aún más. Hasta el punto que me dolía la punta de la nariz y las orejas, a la par que el moqueo de la nariz lo notaba medio congelado.
Así que hicimos parada técnica.
Unos bombardinos. El equivalente al carajillo, con dos tipos de alcohol, café y nata montada. Calor para el cuerpo que falta hacía.
Después de la "mirienda" bajamos por una pista roja hasta el final de la pista. Y a que no sabéis qué. Terminé de esquiar sin una sola caída.
Pero no el fin de semana... A 20 metros del autobús pisé una placa de hielo y me caí con todo el equipo. Literalmente. Injusta es la vida, no me caigo esquiando y en el último momento me caigo andando.
En fin, tres horas de autobús después, de vuelta en Ginebra.
Pero esta entrada trae una pequeña sorpresa: un vídeo que grabé sujetando la cámara con la mano derecha mientras esquiaba una zona sencillita. No se ve demasiado bien por la misma razón que las fotos: demasiada luz y se satura la cámara.
Por fin he tenido tiempo para subir las fotos del pasado fin de semana. Como se deduce del título, mi hermana me vino a visitar (¡yuju!), no como algunos mamones que no se mueven de Cádiz así los maten.
Tras este gratuito y reiterativo reproche, paso a resumir los hechos acontecidos:
El viernes a las 9 y pico de la noche llega mi hermana en un vuelo procedente de Madrid Barajas con destino Ginebra. Léanse las cursivas con voz de sintetizador.
Poco le duró a mi hermana el descanso. El sábado, a las ocho de la mañana en planta para ir a Lyon, en lo que viene siendo Gabacholandia. La ocasión: Fête des lumières (Festival de las luces, vaya).
Lyon desde abajo
Lyon desde arriba
Parece que el día era decente, pero no. En cuanto empezó a atardecer, comenzó a llover, aunque no mucho, por suerte.
Como en casi todos los viajes, siempre se encuentra uno casualidades graciosas, de esas que nada más tienen gracia para ti y, quizá, algunos colegas:
Hay pilones en todos lados. Pero aquí tienen hasta tiendas.
¡Soy famoso! Visión artística de mi persona, con un toque ninja. Lo único que quizá salgo más sonriente de lo habitual en mi alter-ego ecológico.
Un edificio pintado, bastante realista. Todos los personajes que salen en él son famosos, reales y de ficción. Es curioso que salvo mi hermana y yo, nadie sabía quién era El Principito.
Y a las seis, ¡luces encendidas! Os dejo además un vídeo de una proyección sobre la fachada de una de las catedrales. Muy impresionante.
Y ahora, algunas fotillos de Ginebra.
Como puede verse en esta foto, un tiempo excepcional... por los cojones. Sábado, domingo, lunes y martes, reguleros. El miércoles mejoró, pero es cuando mi hermana se fue, así que ya ves.
Parte de Ginebra desde la Torre Norte de la catedral
El lunes por la mañana nos fuimos a hacer patinaje sobre hielo. Por las mañanas es una alegría porque no hay casi nadie. Sólo había un viejo que, joder, ya quisiera yo tener su agilidad cuando tenga su edad... Qué coño, ya quisiera yo tener su agilidad ahora.
Y por último, demostración práctica de que hay crisis en todos lados. Los adornos de Navidad, ¿están hechos con papel de aluminio? Desde luego, lo parecía.
Por cierto, también llevé a mi hermana a visitar el CERN, pero entre que ahora la visita organizada es sólo una ristra de vídeos (pas de Atlas) y que a ella como que le aburre el tema, pues un fracaso :-P
Y por último, ¡que os vengáis, coño!
Saludos, y gracias por venir. No se golpeen la cabeza al salir.
Hoy jueves es festivo aquí en Ginebra, así que hoy no trabajo :-)
Dando una vuelta con la bicicleta
Por cierto, ayer hubo una charla de Stephen Hawkings en el Main Auditorium del CERN. Sin embargo, la sala de conferencias estaba ya casi llena ¡¡una hora y media antes de empezar!! Me quedé a dos sitios de poder entrar. Ya no tenía nadie delante, cuando nos dicen a mí y a un compañero que está lleno :-(
Al final lo vi en uno de los auditorios a donde se retransmitió. Seis había. Es alguien popular por aquí :-P Cuando venía hacia la sala de conferencias, un montón de físicos, ingenieros y demás haciendo corro, empujándose y grabando vídeos cual colegialas histéricas ante su estrella de rock favorita.
En fin, debería haber supuesto que por muchos libros de divulgación general que tenga este hombre, en un sitio como el CERN se mete en profundidad en el tema. Vamos, que no me enteré de nada.
Al finalizar no hubo preguntas. Se me ocurren varios motivos:
a) Las tres cuartas partes no tenía ni la más remota idea de qué demonios acababa de decir. ¿Qué van a preguntar?
b) Un octavo entendió algo pero no son expertos en la materia, con lo que tampoco es que puedan aportar mucho.
c) El octavo restante igual entendió algo y conocen el tema, por lo que no necesitan preguntar nada.
Además de la impresión que da preguntarle a alguien que tardaría diez minutos en redactar una respuesta usando el único músculo de la cara que puede mover todavía.
Por cierto, sospecho que estoy siendo generoso con el grupo c. Dejémoslo en dos o tres personas, incluyendo el asistente de Hawkings.
Cuando voy al trabajo en bici, paso por al lado del aeropuerto, en concreto, justo frente a la pista de aterrizaje. Así que me encuentro cosas como esta:
Por cierto, está empezando a hacer fresquete ya por aquí.